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El "peso" de la eternidad. ¿Qué pasaría si fuéramos inmortales en un mundo finito?

 Hola! Hoy vamos a reflexionar sobre el paso del tiempo... sobre la naturaleza del tiempo y la pertenencia. La identidad humana no es solo individual, sino generacional: nos entendemos a través del espejo de los demás. Sin ese "reloj biológico compartido", el individuo se convierte en un anacronismo viviente, un extraño en la tierra que cambia de piel cada ochenta años. 

Muestra a una figura solitaria vestida "de otra época", separada por una sutil barrera del mundo moderno, vibrante y en movimiento que hay debajo.  En el cielo, como un eco melancólico, se desvanecen los recuerdos fantasmales de su verdadera generación.


El peso de la eternidad: ¿Es la mortalidad nuestro único refugio?

A menudo fantaseamos con la inmortalidad como el don definitivo, pero rara vez nos detenemos a pensar en el coste psicológico de romper el hilo generacional. Todos nacemos dentro de una "camada" de tiempo, como quien dice; crecemos, tropezamos y envejecemos en sincronía con quienes nos rodean. Pero, 

¿Qué pasaría si ese espejo se rompiera?

El espejo roto de la coetaniedad

Nuestra psicología está diseñada para el reflejo. Nos sentimos validados cuando vemos que otros atraviesan nuestras mismas crisis, dudas y descubrimientos. Existe un consuelo silencioso en saber que no somos los únicos que están "descubriendo el mundo" en un momento dado. Me refiero a que por ejemplo: todos estamos descubriendo la IA por primera vez, todos hemos pasado por los smarthphones... 

Si una persona fuera inmortal, en algún momento ese reflejo desaparecería. Al no compartir la perspectiva de la duración de la vida, su mirada se vuelve fundamentalmente distinta. Porque sentiría que esa parte de la vida, no le corresponde, no la comparte con nadie, no tiene pasado en común con nadie. Lo que para los demás sería una tragedia urgente, para esa persona que nunca muriera sería un ciclo repetitivo; lo que para los demás sería un ciclo vital, para esa persona inmortal sería un suspiro. Esa asincronía es, supongo, en esencia, la madre de la soledad. 

 ¿Podría transformarse alguna vez el mundo en un traje que deje de quedarnos bien? 

El ser humano es un ser social, pero nuestra socialización está anclada a un contexto histórico y cultural específico. Cuando una generación desaparece, se lleva consigo los códigos, los referentes y las formas de entender la sensibilidad que nos hacían sentir "en casa". 

Vivir más allá de tu tiempo no es solo ver morir a tus seres queridos; es ver morir al mundo en el que sabías encajar. Convertirse en un inmigrante temporal significa sentirte a veces extraño en una sociedad con valores que no nacieron de tu propia experiencia, que queden cada vez menos personas que recuerden el "antes" de la misma forma que tú (es decir, perder la validación compartida). Para poder sobrevivir, el individuo tendría que reescribir su estructura mental por completo, alejándose quizá de lo que hoy consideramos "humano". 

Quizás que seamos finitos, y no tan infinitos como nos gustaría (o al menos, no en lo que se refiere a nuestro cuerpo), no sea un error de nuestro diseño, sino el pegamento que nos mantiene siempre unidos. La conciencia de que el tiempo se acaba nos obliga a conectar, a crear cultura y a buscar refugio en quienes caminan a nuestro mismo paso. Creamos cultura porque nos vamos haciendo conscientes de dejar un legado a las generaciones que vienen detrás, además de ser conscientes de dónde venimos. 

Entre el vasto mundo de la filosofía, he descubierto que no solo yo me he hecho preguntas de este tipo a lo largo del tiempo. Hay algunos pensadores, que se plantearon cuestiones parecidas, aquí presento las corrientes de pensamiento: 

La sociología de las generaciones (Karl Mannheim)

Para él, no basta con nacer en el mismo año; lo que crea una "unidad generacional" es compartir un contexto social y vivir los mismos eventos históricos desde la misma etapa vital. 

Desde mi perspectiva, si alguien fuera inmortal perdería esa "conexión orgánica", quedaría "huérfano de época", porque su conciencia se formó en un mundo que ya no existe, y no tendría iguales con quienes decodificar el presente. 

La fenomenología del tiempo (Martin Heidegger)

Él decía que el ser humano es un Ser-para-la-muerte. Nuestra psicología y nuestra forma de darle sentido al mundo dependen totalmente de que sabemos que vamos algún día a dejar de estar en el mundo. 

Mi idea es: si alguien fuera inmortal tendría que cambiar mucho psicológicamente. Ya que si quitamos la muerte, la estructura del deseo, la urgencia y la empatía humana se rompería. Ser inmortal ya no sería humano en el sentido psicológico que conocemos.  

El concepto de "Dromología" y el ritmo social 

La Domología se refiere a cómo la velocidad de la sociedad dicta nuestra identidad. Hay una rama de la filosofía que estudia eso, se llama asincronía. 

En lo que se refiere a los escritores, existen algunas referencias literarias que tratan sobre temas de este tipo, por ejemplo "Ahasverus" o "Inmortal". Hay un escritor, llamado Jorge Luis Borges, que podemos decir que comparte conmigo la exploración de ese tema, ya que él también reflexionó en que los inmortales de sus libros terminan siendo seres casi inertes, sin personalidad, porque al vivirlo todo y perder a sus coetáneos, la memoria y la identidad dejan de tener sentido. Pierden el lenguaje porque ya no tienen con quién compartir los referentes originales. 

Se podría decir que lo que reflexioné forma parte del Existencialismo Generacional, que mezcla la antropología social (ya que opina que el ser humano necesita una tribu), y la Psicología del desarrollo (ya que necesitamos de alguna manera ver nuestro futuro reflejado en los mayores y nuestro pasado en los jóvenes para entender dónde estamos). 
 


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