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V. Negocios

 


¡Hola! ¿Quieres saber cómo va trascurriendo todo por Nueva York? Hoy te dejo otra nueva "entrega" de mi historia: 

Antonio

Aunque Antonio era comerciante de arte, sobre todas las cosas se consideraba ilustrador y pintor. Con toda la mezcla de emociones por las que está pasando, tiene una inspiración desbordante así que lo siguiente que hace es pensar qué lugar puede visitar para dibujar un poco en el bloc que siempre lleva consigo. Tras pensar un poco da con el lugar... ¡Central Park! 

Le queda mucho día por delante, así que se dirige a visitar el famoso parque. A medida que se iba acercando a Central Park, iba creciendo su intriga por saber qué tal era, y al llegar se quedo extasiado al ver tanta cantidad y variedad de árboles, ese lugar tan emblemático de Nueva York es más grande que Mónaco y casi más grande que ciudad del Vaticano. ¡Increíble! Caminó por los senderos del parque, admirando la belleza de los jardines y los lagos. El sol brillaba en el cielo y la gente paseaba por el parque, disfrutando del día. 

Allí se sentó en uno de sus bancos, sacó su bloc y empezó a pasar sus páginas en busca de una en blanco donde poder empezar a dibujar: el Coliseo, la plaza de San Pedro, la Capilla Sixtina, el arco Tito Livio, la Fontana di Trevi... Pero la primera vez que tenía la oportunidad de dibujar un paisaje neoyorquino en vivo era aquella, y no iba a desaprovecharla. ¡Aún le costaba creérselo! 

Antonio encontró inspiración en Central Park para ponerse a dibujar. Sacó su cuaderno de dibujo y comenzó a plasmar las escenas y paisajes que lo rodeaban. Dibujó los árboles, los lagos y las personas que paseaban por el parque, intentando capturar la esencia de la naturaleza y la vida. Antonio se pone a dibujar el paseo Mall, con sus árboles y bancos en primer plano y, al fondo, la maravillosa y emblemática fuente Bethesda. Está impresionado de su belleza, coronada por un ángel en el centro, y rodeada de estatuas y jardines. Sin duda, se sentía tan inspirado que un solo día y unas pocas horas no le bastarían para tanta inspiración. 

No llevaba más que carboncillo, y lo primero que dibujó fue aquella frondosidad inmensa y variada en tan famoso parque. 



Cuando pinta es tan poco consciente del paso del tiempo que ni siquiera se da cuenta de la ligereza del paso de las horas. Y cuando se acordó de mirar su reloj se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo. Disfrutaba tanto del proceso de dibujar que a su cuerpo se le olvidaba hasta la sensación del hambre. Además, recordó que había quedado con su socio para tener su primera reunión neoyorquina. Cosas de negocios. Y casi llegaba tarde, tras una rápida carrera llegó jadeando. 

Antonio conoció a su nuevo socio en una cafetería de moda en el SoHo neoyorquino. El socio, un publicista experimentado y creativo, se presentó con una sonrisa amplia y una energía contagiosa. Se conocieron cuando Antonio estaba curioseando en el interior de la mejor librería de Nueva York, la McNally Jackson, en la calle Prince Street, una calle muy cool llena de tiendas de todas clases. Pasó ese día paseando entre sus edificios de ladrillo rojo del siglo XIX, con sus escaleras exteriores, en cuyo interior pudo encontrarse con galerías de arte o tiendas de moda, desde la bulliciosa calle Merced llena de tiendas de moda y de arte, hasta la bohemia calle Greene, llena de edificios históricos. Los edificios de ladrillo en colores terrozos y verdes, junto con los curiosos carteles de las calles, seguían dándole tal inspiración que a cada esquina deseaba pararse para dibujar, como un fotógrafo que en cualquier esquina encuentra una perspectiva o un detalle que llevar consigo. 

Los dibujos de Antonio llamaban tanto la atención, que algunos curiosos no podían evitar pararse a curiosear mientras dibujaba. Así fue como conoció a su futuro socio, Gilbert. Ambos se estaban tomando un capuchino, pues es la bebida estrella, en la librería, cuando se encontraron y por cosas de la vida empezaron a hablar. 

¿Sabía que SoHo es la manera abreviada de llamar al South of Houston? - le preguntó, para romper el hielo. - Houston es una calle que cruza de este a oeste, justo por debajo del área donde las calles comienzan a funcionar con números en vez de con letras. Hay una regla no escrita en Nueva York y es que las mujeres tienen que ponerse tacones cuando salen por la noche. La única excepción es Fast Village. 

¡Buenas tardes! Perdón por el retraso... - saludó a su socio, un hombre llamado Gilbert que vestía traje y zapatos de corte clásico -. 

¡Buenas tardes! No se preocupe, no me gustan los retrasos pero trataré de entenderle espero que haya una razón de peso para que se haya retrasado.  - contestó él tratando de quitarle peso al asunto -. 

Bueno, - aclaró con preocupación -, mi razón no es exactamente una razón de peso, es una mala gestión del tiempo,  ya se sabe que los artistas a veces se dejan llevar por su creatividad y... ya sabes... aún llevando una agenda y con el día organizado al milímetro. 

Gracias, se lo agradezco mucho, de verdad, nunca he dejado esperando a nadie por mí. - contestó Antonio avergonzado . 

Bueno, lo importante es que ya está aquí... y dígame ¿A qué se dedica realmente? - preguntó con curiosidad Gilbert -.

Bueno yo... soy comerciante de arte, pero también me dedico a pintar cuadros, con muchas técnicas distintas de pintura y también hago ilustraciones. He ilustrado para algunos escritores de mi país sin mucha importancia. Pero por algo se empieza... no? - contestó Antonio -. 

Nunca hay que perder la esperanza ni las ganas. Me gusta mucho ese afán que tiene usted de seguir aprendiendo siempre, y avanzando, es una buena actitud sobre la vida, que no todo el mundo tiene, pero que hay que aprender. - contestó Gilbert, orgulloso de su nuevo compañero. 

Tengo la intención de serle de alguna utilidad en sus negocios - dijo Antonio, intentando que no supusiera un ruego- , en lo que fuera, por poco que haga... 

Está aprovechando usted muy bien su estancia en Nueva York ¿no es así? Veo que tiene usted mucha facilidad para inspirarse con cada espacio que observa... - dijo Gilbert señalando el blog que nuestro protagonista ha dejado a la vista. 

No quiero parecerle indiscreto, pero... ¿Podría verlos? - pidió Gilbert -

Oh claro, sin problema. ¡Los que quiera! - contestó con satisfacción Antonio -. 

Si, claro... ¡Cómo no iba a aprovechar! Todo aquí es pura inspiración, aunque Italia también es muy inspiradora -Antonio pasa las páginas hacia atrás en su blog, y le enseña algunas a Gilbert -. 

Su nuevo compañero de aventuras empezó a pasar páginas y se quedó muy sorprendido de la calidad de sus pinturas, a cada cual más bella que la anterior. 

¿Ha... publicado algo? - preguntó con curiosidad Gilbert - .

De estas no he tenido la oportunidad - contestó Antonio -. 

Me encanta tu estilo, Antonio", dijo el socio. "Tienes un ojo para la creatividad y la innovación. Estoy buscando a alguien que pueda ayudarme a crear carteles para anuncios que realmente llamen la atención".

Pues... tengo que decirle que tengo muy buenas esperanzas en usted. Puede que se le abran muchas puertas, ya sabe, muchas oportunidades de negocio en La Gran Manzana, De momento le dejo, tengo prisa, pero volveremos a vernos a finales de esta semana! No dude usted en contactarme a esta dirección y si tiene algún teléfono disponible ya sabe, puede llamarme a este número. Quedo a su disposición. ¡Que tenga usted buen día! -  Gilbert le entrega una tarjeta de visita que Antonio guarda cuidadosamente en su agenda y se despiden -. 

Yo también pienso que por hoy está bien, Gilbert me ha dejado muy contento, parece que esta ciudad es como un gran amuleto de la suerte en mi vida - camina Antonio pensando para sí -. 

Al cabo de un rato caminando, por fin llegó a su hotel agotado pero satisfecho por el día y sus buenas noticias. No podía más que estar agradecido por todo lo que Nueva York estaba ofreciéndole. 

La palabra más bonita







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