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Antonio y Bianca, los padres de Antonio, viven en un pueblo costero de Italia denominado Positano, que se sitúa en la Costa Amalfitana. Sus casas de colores pastel, azules, rosas, amarillos, verde agua... parecen escalonarse por un acantilado hasta llegar al mar. Sus calles son estrechas y empinadas, y están llenas de tiendas de artesanía, boutiques y restaurantes con vistas espectaculares.
Su casa, con las paredes de estuco blanco y las contraventanas pintadas de un azul vibrante, se alzaba sobre una colina desde la que se veía el mar. El aire salado, mezclado con el dulce aroma de los limoneros en flor, inundaba cada rincón. Bianca y Antonello viven en una antigua casa comprada y restaurada en la parte antigua del pueblo, no muy lejos del puerto.
Sus playas son pequeñas, pero son perfectas para lo que son las playas, disfrutar del sol y los chapuzones en el mar y descubrir como vibran las gentes del pueblo.
Bianca, con sus manos expertas y su corazón lleno de amor, pasaba las mañanas en la cocina, preparando pasta fresca que Antonio, su esposo, saboreaba con deleite. Él, a su vez, se dedicaba a cuidar de su pequeño huerto, plantando tomates, albahaca y calabacines, que luego Bianca transformaba en deliciosos platos.
La vida de Antonio y Bianca era un vals de rutinas. Por las tardes, se sentaban en la terraza con una copa de vino, observando cómo el sol se ponía sobre el horizonte, pintando el cielo de tonos anaranjados y rosados. La conversación fluía, llena de recuerdos de su juventud, de sus luchas, de las alegrías que les había dado su hijo, Antonio, que ahora vivía lejos, en la bulliciosa Nueva York.
Seguro que Lena disfrutará mucho cuando hagan una escapada romántica al sur de Italia, piensa Antonio cuando recuerda el pueblo en el que nació.
Nell, me pregunto cómo estará Toni, prometió mandar un mensaje cuando llegara y han pasado dos meses, aún no sabemos nada de él - dijo Bianca a su marido mientras paseaban. -
No me gusta que el chico incumpla con su palabra, debimos no dejarlo marchar - le respondió Antonio. -
Bueno Nell tampoco pienses así... seguro que se acordará cada día de nosotros... pero no tendrá ni tiempo de sentarse a escribirnos - dijo Bianca, que aunque disgustada por no saber nada de su hijo, se mostraba comprensiva. -
¿Acaso le ocupa tanto tiempo? ¡Debería de tener vergüenza! - dijo Antonio. -
Bueno, venga se está haciendo tarde para hacer el almuerzo, vamos a casa - dijo Bianca. -
Antonello acostumbra a mirar el buzón siempre que vuelven de pasear, y cuál fue su sorpresa al encontrar una postal con una típica imagen de Times Square, supo instantáneamente que se trataba de su hijo.
Mira cariño! Una postal de Toni! Por fin tenemos noticias de él! - grita emocionado. -
¿De verdad? ¡Que ilusión! ¡Es el mejor regalo que nos podían hacer últimamente! - contesta Bianca. -
¿A qué esperas? ¡Léela! - dijo Antonello. -
Déjame ponerme cómoda alrededor de la mesa, y ahora la leeremos, con paciencia querido - dijo Bianca. -
Bianca le lee la carta de Antonio a su marido.
¿Está... enamorado? - se preguntó en voz alta Antonello. - ¿Y de quién puede ser? ¿Quién será?
Según dice, Nueva York le está dando muchas oportunidades - dice Bianca. -
¿Crees que podremos ir algún día a conocer aquello? Empieza a darme curiosidad... - dice Antonello. -
Nosotros somos gente sencilla, eso es para personas adineradas, hay que ahorrar mucho, como nuestro hijo - dice Bianca. -
Pues yo pienso que ninguna persona es mejor que la otra. ¿Por qué todos no podemos tener las mismas oportunidades? - dijo Antonello. -
Algún día vendrá, nos acogerá, y nos iremos de esta tierra de pobres - dijo Bianca. -
Y dejarlo todo aquí? Ni lo sueñes, nos ha costado toda nuestra vida, ¿o no lo recuerdas? - dijo Bianca. -
Al menos podríamos ir a buscar un poco de romanticismo a Venecia... - dice Antonello pensativo. -
Anda, trae papel y la pluma que tengo en el cajón, voy a escribirle - dijo Bianca, entusiasmada. -
Antonello entró en la habitación donde dormía con su mujer y buscó en el pequeño cajón de su mesilla de noche la pluma que le había regalado. Luego se la dió.
"Amado hijo:
Te echamos mucho de menos, pero estamos contentos de que todo te vaya bien. ¿Quién es esa chica de la que te has enamorado? ¿Eres feliz con ella? ¿Cuándo vamos a conocerla? Ya sabes cómo es tu padre, tiene muchas ganas de saber con quién compartes tu vida en Nueva York, y yo también. ¿Y de qué se trata las oportunidades que te ha dado Nueva York? ¿Tienes mucho trabajo allá? ¿Es bonito aquello? Nos están dando ganas de ir, pero somos gente muy sencilla para permitirnos viajes a ciudades tan lujosas.
Esperamos que nos respondas pronto.
Tus padres, tus hermanos y hermanas, tus abuelos te quieren mucho y te extrañan.
Bianca y Antonello. "
Al día siguiente, de camino a Correos, Bianca compró una postal del pueblo costero donde viven, y donde Antonio creció, y la metió dentro de un sobre blanco acompañando a la carta que iba a enviarle a su hijo.
Ubicación:
Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, España
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