Queridos lectores, nuevamente la espera ha terminado, y Netflix nos entregó este mes de febrero una nueva temporada social en el Mayfair de la época de la Regencia inglesa. Después de años viendo a Benedict perdido entre el arte, los excesos y los romances poco serios, finalmente lo hemos visto perderse en algo mucho más profundo: los ojos de la Dama de Plata.
Hablemos de la humilde procedencia de Sophie
En el principio de la temporada, Mayfair da la bienvenida a una nueva familia. Nuestra protagonista, la que encandila la mirada de Benedict, es una mera sirvienta que ni siquiera pertenece a su misma clase social, y con la que desde el principio aparentemente no tiene ninguna opción de casarse. Sophie no es una debutante a la alta sociedad, y no es porque no quiera, sino porque su clase social y su lugar no se lo permiten, ya que es la hija ilegítima de un conde (el conde de Penwood).
Su madrastra se llama Araminta, es la condesa de Penwood, siempre resintió la presencia de Sophie porque le recordaba la infidelidad de su esposo. Cuando su padre muere, la madrastra se convierte en su tutora legal y la obliga a trabajar como una sirvienta, ocultando su verdadero origen para quedarse con la pensión que el Conde había dejado para la joven. Tiene dos hermanas, Rosamund Li y Posy Li, la mayor Rosamund es ambiciosa, hermosa pero fría y es la favorita de su madrastra; la menor tiene buen corazón y suele mostrar un poco más de empatía hacia Sophie, es Posy. La familia de Sophie es una representación de la hipocresía de la Regencia: por fuera parecen una familia respetable de Mayfair, pero por dentro es muy diferente ya que esconden el secreto de tener una hija ilegítima como criada.
Como Sophie es relegada a las tareas domésticas, su verdadera red de apoyo son los demás empleados que forman el personal de servicio de la casa.
Aunque creció en una casa aristocrática, nunca fue reconocida legalmente. Tras la muerte de su padre, queda a merced de su madrastra (justo como le pasó a la cenicienta), quien la trata como una sirvienta en su propia casa. Sophie es culta, tiene un alma artística y una dignidad que brilla a pesar de su situación económica, y eso es precisamente lo que va a cautivar a Benedict.
¿Cómo llega a Mayfair?
El arte como refugio y el dilema de un amor "imposible"
Pinceladas de un alma compartida
El brillo de la plata que contrasta con el hollín de la realidad
No busco a una dama, busco a una mujer que vio mi alma en aquel jardín.
Me gustó mucho esta temporada, la historia de Benedict y Sophie tiene una profundidad emocional y una carga artística y de libertad que las demás no tienen. Lograron tomar la esencia de la que siempre ha sido mi historia de cuento de hadas favorita, La Cenicienta, y la transformaron en algo real, tangible y profundamente romántico, salvando las distancias de la época claro. No es solo la historia de un zapatito de cristal perdido o de un vestido plateado en este caso, es la historia de cómo dos personas se encuentran en la oscuridad de sus propias soledades y deciden crear su propia luz a través del arte.
Si buscas romance puro, una estética de ensueño y una protagonista que te robe el corazón desde el primer segundo, esta temporada es para ti. Prepárate porque vas a suspirar, y a vivir la manera en la que el segundo hijo de los Bridgerton, ese al que parecía que el amor nunca iba a tocar a su puerta, finalmente conoce el lienzo que le da sentido a su propia vida.
Así pues, queridos lectores, parece que incluso en el cínico mundo de la alta sociedad londinense, todavía queda espacio para los cuentos de hadas. Nuestra querida Dama de Plata ha demostrado que no hace falta un zapato de cristal para dejar una huella imborrable, sino simplemente el valor de aparecer cuando el resto del mundo espera que te escondas.
Benedict Bridgerton finalmente ha encontrado su musa, y aunque el reloj marcó la medianoche hace mucho tiempo, sospecho que esta historia de amor apenas está comenzando a pintarse. Pero cuidado: en este juego de máscaras, a veces la verdad es el disfraz más peligroso de todos.
Se despide, siempre atenta,
Lady Whistledown
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