Mis últimas entradas.

La música me devuelve a mí.


MOVIMIENTO 1. El contraste inicial  

La música, una vez grabada, se congela. Pasa por el estudio y emerge idéntica a sí misma, preservada para siempre. No envejece. No se cansa. No olvida. 

Pero nosotros no somos así. Nosotros cambiamos. Y esa grabación idéntica - la que escuchaste hace diez años, la que escuchas hoy - se transforma bajo nuestra mirada. Porque no es la música la que cambia. Somos nosotros los que la vemos diferente. La sentimos diferente. 

Quizás es porque nuestra vida cambia, nosotros somos los mismos y a la vez hemos cambiado, y también cambia con nosotros la percepción de las canciones que una vez escuchamos. 

Somos una contradicción. Los mismos de siempre y, al mismo tiempo, completamente otros. Envejecemos. Nos rompemos. Aprendemos a vivir con fracturas. Y las canciones que escuchamos en cada una de esas vidas - porque todas las vividas son vidas distintas - suenan diferentes porque nosotros somos diferentes.

MOVIMIENTO 2. Las múltiples vidas dentro de una vida

Y puede que haya cambiado cada etapa. La canción de los dieciséis no es la misma a los veinticinco. La de los veinticinco se transforma a los treinta. Es como si cada versión de ti mismo tuviera su propia banda sonora, y todas vivieran dentro de ti al mismo tiempo, superpuestas, conviviendo. No es que nos pierda, es que somos varios. 

Aquel no va más de mi infancia quedó obsoleto, y la tecnología ahora evoluciona tan rápidamente que esa intensidad nos abruma, nos parece abismal. Sí, hay cosas que quedaron atrás. Las rutinas de mi infancia ya no existen. La casa de mis abuelos, a la que entraba sin pensar, ahora es un lugar al que no vuelvo. Las canciones de esa época suenan diferente, no porque hayan envejecido, sino porque yo ya no estoy en el mismo lugar. Porque decidí seguir a la música por fín. Porque elegí teatro también. Porque la vida aceleró y yo cambié de dirección mientras el mundo seguía su ritmo. 

Y eso duele a veces. Porque cuando escucho esa canción, no solo escucho la melodía: escucho a la persona que era. Y extraño eso. Extraño entrar en esa casa.

MOVIMIENTO 3. La aceptación 

Pero aquí está lo importante: esa canción sigue siendo un espejo. Y lo que veo en ese espejo no es una tragedia. Es una vida. Es todo lo que decidí vivir, todos los saltos que di, todos los yo que fui para llegar a ser esta versión de mí que está aquí ahora. 

Quizás el riesgo no es normalizarlo. El riesgo es olvidar escuchar. Olvidar permitirme sentir esa melancolía sin que sea un castigo, sino una prueba de que estuve vivo. De que cambié. De que elegí. 

Así que cuando escucho esa canción de hace quince años, o de cuando era más pequeña, cuando pienso en esa casa que ya no visito, cuando miro atrás... Siento que he vivido. Que he dejado ir cosas, que he elegido otras, que he sido varias personas dentro de esta única vida. 

Eso es lo que la música nos enseña: que podemos cambiar completamente y seguir siendo nosotros mismos. Que la vida se transforma, que nos transformamos, y que está bien extrañar lo que dejamos atrás mientras celebramos lo que elegimos. 



Comentarios